Los momentos trágicos que nos recuerdan el valor de contar con un cuerpo sano

Justo ayer, estábamos disfrutando el juego de fútbol sala de mi hijo Dylan. Tuvo dos juegos consecutivos, y disfrutó mucho los juegos a pesar de que estaba físicamente cansado. Hoy, durante su práctica de fútbol, ​​se dislocó la tapa de una  rodilla.

Cuando recibimos la llamada de su amigo quien estaba practicando con él y nos dio la noticia, conducimos de inmediato hasta donde él se encontraba,  lloré durante todo el camino. 

Cuando llegamos con él,  corrí a la ambulancia que aún se encontraba en el lugar y estaban preparándolo para llevarlo al hospital y le estaban administrando el medicamento para el dolor. Y cuando entré a la ambulancia, lo abracé y ambos lloramos juntos. Me rompió el corazón ver a mi hijo acostado allí con tanto dolor, y lo peor, escucharlo decir: mamá, se acabó, el fútbol se acabó para mí. Agarré su rostro y le dije una y otra vez, no, mi amor, no ha terminado, notando que ha terminado, Dios tiene el control, Él siempre lo está. Estarás bien y te sanarás, continuarás cumpliendo tus sueños y seguirás jugando fútbol.

No mamá, mi rodilla se está rindiendo, ya no puedo seguir pasando por esto, no puedo.

Estarás bien, y lo superaremos juntos como siempre lo hacemos  hijo. Fue llevado al hospital, mi esposo y yo lo seguimos hasta el final, estaba llorando y orando a Dios por sanidad y buenas noticias.

Después de hacerse las radiografías,  el médico entró en la habitación y nos dijo: tengo buenas noticias; ¡no tiene huesos rotos! Irá a casa hoy con un analgésico, un inmovilizador, y debe hacer un seguimiento con el especialista para determinar cuáles son los siguientes pasos a seguir. Y para determinar si los tejidos o tendones se dañaron o no. 

Una vez en casa, continuamos orando y lo seguimos alentando a tener fe. Estaba tan asustado y sigue haciendo tantas preguntas que yo también me pregunto: ¡POR QUÉ, POR QUÉ OTRA VEZ! Él es un gran niño dulce, un gran atleta; todo lo que quiere hacer es jugar fútbol y ser un gran estudiante. Él es un gran niño, hijo, hermano y amigo. Él no se merece esto; nadie lo merece.

Esta amarga experiencia nos está enseñando nuevamente que la vida no es perfecta. Los desafíos ocurren cuando menos los esperamos. Y mientras tengamos fe, mientras tengamos a nuestra familia unida, mientras sigamos confiando en que Dios tiene el control, podemos conquistar cualquier cosa. Como cualquier cosa y todo en la vida, esto siempre debería pasar.

También aprendimos a valorar nuestra salud y bienestar, y a apreciar el hecho de que podemos caminar, respirar y amarnos a nosotros mismos.

Ahora continuamos trabajando con mi hijo en casa, y llevando a los especialistas para que mi hijo sane su rodilla por completo y regrese al campo para que pueda seguir cumpliendo su pasión.

Le dije a Dylan, hijo, que cada vez que sales y tomas acciones masivas hacia tus sueños y metas, pueden ocurrir contratiempos. Aún así, lo más importante es seguir teniendo fe y esperanza y esperar lo MEJOR porque nada que vale la pena es fácil. Aún así, la vida es más significativa cuando perseguimos nuestros sueños, incluso si nos causa dolor, que permanecer en nuestra zona de confort para prevenir el dolor. 

Tal vez tú has querido transformar tu salud, mejorar tu energía, transformar tu cuerpo pero piensas que es muy difícil, que no lo lograras, pero estoy aquí para decirte que eso no es así. Si realmente quieres lograr nadie te puede detener, y cuando enfrentes situaciones que están fuera de tu control, contar con un cuerpo fuerte y sano hará mucho más fácil tu recuperación. 

!Cuidemos nuestro cuerpo ya que es el único que tenemos! 

-Maria, Tu Coach De ShapeUp